Miercoles
…(Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito).
Hay una cara que tapa la mía, y esta me arrebata la luz,
y me encoje los hombros ante la belleza del olvido.
sin el glamuroso arrepentimiento de los suicidas,
sin la triste felicidad de las pobres almas condenadas a vida.
como una línea inquieta de lejana procedencia,
mi cuerpo es atravesado una y otra vez por esta sonda extraña y fría.
Pero no estoy aquí aunque me miro. -Estoy notando eso.
Tomo café para nadie. Fumo sin parar,
espero caer al suelo y romper una losa de cemento.
Abrir este paso y comenzar a dejar de tragar todos los días dudas.
me anda dando por dejar un rato este viaje; -Poco se puede hacer, es cierto.
Ya ando lento, ya está pasando. Mi cuerpo me recurre urgente,
como aquel consuelo de madre que mira a su hijo caerse al suelo.-
Y no hay más que pueda estar pasando, me colapso sobre mi, y me rehago tristemente,
para después volver a caerme sordamente, y así sucesivamente, como platos rotos.
Ha de ser eso que llaman muerte. Sus susurros son ricos y especiales,
suenan como las campanas del jardín en el que habito, se sienten como los trigales,
yo pensé que sería una mujer de luto, ensimismada y amable.
Pero al final entre el espejo de débiles ojeras y dolores intestinales,
tu rostro aparecerá para ver la otra cara que tapa la mía; la cara de la muerte.
jueves, 24 de septiembre de 2009
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