- Esta amaneciendo. Susurra a mi oído todas las noches.
-Amanece maldita sea! No quiero.
(la persiana se ladea poco). Hay una tensión perceptible.
Se asemeja al aroma del campo, cuando cae por sí mismo el cielo en forma de gotas.
-Que no oyes? Despierta! Esta realmente pasando algo. La persiana quieta.
- son las once de la mañana! Mi corazón late estúpidamente, tontamente late.
Sofoco la emoción al instante. Me acaricio la cabeza desnuda, me tallo los ojos, aprieto sin sentido la quijada, suspira mi alma, quiebra el cuerpo la calma; me levanto.
Salgo hacia la nada, aparece de pronto un pasillo, queda un espejo que no ve nada, arrastro los pies como gusanos, como un gusano! tomo mi cabeza con las manos, las resbalo lentamente hasta mi nuca sudada, hace un calor despreciable. Se inunda mi cabeza de nostalgia, se come el reloj la casa, los muebles, las cartas, se las traga, se hace tarde, me apresuro. No llega nadie. Nada. Un hombre grita como loco en la esquina, lo matan, lo están matando como a un puerco. Suena la campana, me asfixia este calor maldito, seco, inexplicable. - Despierta. No hay nadie. - despierta. Esto es acaso una metáfora? -Amanece, el tiempo es malo, no brilla. Pero amanece! Cortan desde la nada mi preocupación, los hilos de la locura, no es nada. La persiana se mueve un poco, no es nada. Son la once de la mañana. No es nada. Es hora de ponerse de pie. No pasara nada. -Amanece! No queda nada.
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