sábado, 29 de agosto de 2009

El Alumno Inesperado.



A Pedro, quien nunca leerá este cuento.

Sábado, 11.48 de la mañana, doce minutos para las doce y por fin iba a ser libre para disfrutar el fin de semana una vez terminadas las clases que imparto en la casa de cultura del barrio de Tlaxcala. El calor era húmedo, sofocante en ese cuarto que abre sus ventanas de par en par al sol que en ese momento se dejaba caer sobre mi espalda mientras le revisaba sus lecciones a una niña de unos 9 años que llevaba unas pocas clases conmigo, la última del día. Algunos otros alumnos se encontraban impacientes por salir, otros revisaban su material nuevo, otros simplemente platicaban. El suelo comenzó a vibrar de repente, cosa que no me sorprendió en absoluto debido a que ese cuarto suele temblar con el paso constante de los camiones que transitan el Eje Vial. El ruido del cuarto y mi atención en los dedos de la niña me impedían escuchar lo que pasaba afuera. De pronto escuche venir de afuera algunos chirridos de carros y a un par de choferes tocando su claxon tocando 5 veces. Gritos de pánico se dejaron escuchar en la amplitud de la calle, aunque mi atención seguía enfocada en la niña que estaba empezando a desesperarme porque no había estudiado sus lecciones. De pronto el sol se desvaneció de mi espalda y una sombra se inclinó sobre ella en lugar del sol del mediodía. La niña a la que daba la clase gritó, lo que desencadenó una avalancha de gritos de parte de los demás alumnos. No suelo sentir miedo de muchas cosas y ese día no fue la excepción. Giré tranquilamente mi cuerpo para mirar hacia la ventana y conocer el motivo de la sombra y de los gritos de mis alumnos. Vi un cuerpo que se levantaba mucho más arriba del techo de la casa, y mi salón que esta en el segundo piso le llegaba al pecho.
- Ay no.- Pensé sin saber bien el por qué, no tengo miedo de morir aplastado por un gigante, quizá fue porque si eso pasaba, arruinaría mi fin de semana y la cita que tenia esa noche.
El rostro de aquella enorme persona era amable, así que no entendí en absoluto los gritos de mis alumnos y de las gentes en la calle, de lo que me di cuenta fue el por qué tanto alboroto de tráfico, pues él estaba parado a media calle impidiendo el paso. Vestía un pantalón corto algo desgastado, hecho para su estatura y un par de zapatos malhechos con la piel de varias reses. Me miraba fijamente, pero no con una mirada violenta, más bien triste, así que me animé a salir a la pequeña terraza.
- Ehm, Buenos días, ya más bien tardes, Este... ¿Se te ofrece algo?.- Fue lo único que atiné preguntar, llevando mi mano hacia mi nuca para rascarla.
- Buenas tardes.- Dijo con voz tranquila y algo torpe. - Tan solo quería ver si podía entrar a las clases de guitarra.
- Ahh, vaya. Bien, ¿Cómo te llamas?
- Pedro.
- Mira Pedro, pues así de entrar, entrar, no creo que se pueda.- Dije con mi característico sarcasmo, el cual en vez de molestarlo le arrancó una carcajada.
- Necesitas hablar con la directora, déjame hablarle.
Bajé con la directora y le comenté la situación, ni siquiera se había percatado de la presencia del gigante y como le comenté que parecía no ser violento se animó a salir.
- Son 150 pesos de inscripción y 150 de mensualidad.- Dijo ella.
Su cara reflejó algo de tristeza.
- No tengo dinero.- Dijo el gigante con afición.
Desconozco completamente la razón de mi altruismo, tal vez será que espero que Karma me devuelva alguna vez lo que hago por los demás, no lo sé, así que con un suspiro de resignación le dije:
- No te preocupes, te doy la clase gratis. ¿Tienes Guitarra?
- No.
No sé por qué la estupidez de mi pregunta, era obvio que no.
- Ese va a ser un problema, vamos a necesitar una guitarra para ti, y un lugar para la clase, el atrio de la iglesia de Santiago es grande, creo que podremos estar ahí entre la una y dos, a la hora que no hay misa. ¿Te parece si nos vemos los martes a esa hora?
- Si, me parece bien.- Respondió con emoción.
- Bien, ahora hay que ver lo de tu guitarra.-
Había algunas personas que me debían unos cuantos favores, así que pudimos conseguir patrocinio de madererías que nos donaron unas hojas de triplay y madera suficiente para construir la caja, los puentes y las barras armónicas. El mástil lo trajo él de un tronco verde y grande de mezquite que encontró, y tallamos con algo de dificultad con sierras eléctricas. Y como la noticia corrió por toda la ciudad muchas personas quisieron colaborar de manera gratuita en la construcción de la guitarra, en el rastro conseguimos tripas de res para las cuerdas y de algunos talleres mecánicos conseguimos engranes para el clavijero, en alrededor de dos meses, la guitarra estaba casi terminada, solo faltaba esperar que se secara bien el barniz y poder pulirlo. La construcción total fue de casi tres meses.
Para ese tiempo ya me había encargado yo de imprimir en Plotter, y gracias a patrocinio también, el método inicial de melodías que utilizo, Los Ejercicios de Coordinación del Maestro Manuel López Ramos, una tabla con los círculos esenciales: Do, Sol, Re, La, Mi y Fa, unas cuantas hojas del método de Christopher Parkening y sobre todo una impresión en grande que me emocionó mucho de Las Primeras Lecciones de Julio Salvador Sagreras. Entre mi mamá y un par de tías me ayudaron a coser el cuaderno para que no se perdieran las hojas. Todo estaba listo para empezar las clases, y así nos encontramos un día en el atrio de Santiago, el sentado en el suelo con sus piernas estiradas apuntando hacia mí.
- Muy bien, vamos a empezar haciendo cosas fáciles, posición básica de arpegio, índice toma tercera cuerda, medio segunda y anular primera.
Hice todos los comentarios pertinentes en cuanto a la postura y con una escalera triangular subía a corregir su postura, su mano, sus hombros, su mano y codo izquierdo, dedos, etc. y durante tres meses, en clases los miércoles de cada semana, estuvimos leyendo melodías abarcando todas las cuerdas hasta afianzar la lectura, y todos los círculos. Era interesante ver que cada miércoles se reunía alrededor del atrio decenas de personas para presenciar la clase, y algunos camiones que transitaban por la Avenida de la Paz se detenían un momento. Siempre todos en el más respetuoso silencio, una que otra vez alguien hacia algunos gritos ofensivos, a los cuales nadie les daba la más mínima importancia. Solo se escuchaba su guitarra y el metrónomo conectado a un amplificador.
Para el siguiente mes habíamos terminado las hojas de Parkening que utilizo para hacerlos conocer la lectura a dos voces, antes de pasar a Sagreras, su técnica estaba mejorando y su sonido era más lleno, le ponía mucho empeño a su aprendizaje y eso me emocionaba aún más.
Aprendió algunas canciones populares que a el le gustaban, rancheras, sobre todo de José Alfredo Jiménez.
Por fin entramos a Sagreras , la edición viejita, que me gusta más y a lo largo de 8 meses pudimos terminar completamente el primer cuaderno, con sus debidas correcciones.
Después de un año y algo estaba por fin preparado para dar su primer recital con las lecciones de la 75 a la 85.
La cita fue en la Plaza de Fundadores a las 8 de la noche. Se hicieron programas de mano donde se leía "Pedro, el guitarrista más grande" y el ayuntamiento colaboró con sillas a lo largo de la plaza. El se encontraba algo nervioso con la plaza llena al tope, pero tocó las lecciones muy bien, con muchísimo sentimiento el cual penetró tanto en la gente que no dudaron en pedir el Encore inmediatamente, y el gustoso tocó nuevamente las lecciones 75, 84 y 85, las que me dedicó a mi, ya que alguna vez le dije que eran las que más me gustaban de ese libro. El aplauso explosivo de la gente no se hizo esperar de nuevo, en su cara se dejaba ver su felicidad y el brillo de los reflectores en sus ojos mostraba su gratitud.
Entre los aplausos y gritos de bravo me retiré y ya no lo volví a ver nunca más. No regresó a clase.

Una mañana mientras iba con un par de amigos a hacer Yoga a la Cañada del Lobo, en medio de un mantra que el Pequeño Gurú Greñalarga* dirigía, volteé mi cara instintivamente hacia el lado contrario de donde éste se encontraba, el viento soplaba leve en mi cara, deje de recitar el mantra, abrí los ojos, vi los cerros y de entre ellos alcancé a escuchar muy tenuemente y muy a lo lejos las notas de una guitarra.
Esboce una pequeña sonrisa y dejé escapar una lágrima:
Era la lección 75 del primer cuaderno de Sagreras.

lunes, 17 de agosto de 2009

martes, 11 de agosto de 2009

En la tina del baño




¡¡Azul esta triste!!
- alguien dejo su cuerpo caliente
Totalmente enamorado.

¡¡Azul despierta!!
-debes acercarte a la tina,
Y Tomar el jabón.
Tocándote lentamente con tus manos,
Desvístete con los ojos cerrados,
Y escucha la misma canción.
¡¡Ya no lo recuerdes!!!.

¡¡¡Azul bésate!!!
Besa aquel cigarro que se consume
Que poco a poco nos destruye
Fúmalo, olvídalo en el humo
Por ultimo, Levántate
Dale un trajo al whisky
Y despierta.
Vuelve a darle otro más
Y muere en tristeza.

TREINTA SONETOS A LAXOPA


III

Tengo en mis manos promesas laxopa
Tu me estas cuidando lo que amo,
Tu tienes eso que me falta,
Tu guardas para mi un encuentro.

Yo no se si existes a veces,
Siento que desapareces de mi cuerpo
Y me siento culpable de olvidarte,
Que canciones cantas en este momento?

Desgájate todo el cuerpo,
Y haz que salgan de ti las sombras mas tibias,
Inhala y exhala el todo viento.

Cuídame lo más preciado que llevas,
Eso que te esta cultivando las entrañas,
Quiero cumplir todas mis promesas.

Otra vez... Sabines


"Los amorosos callan"... Aunque yo agregaría, si fuese posible agregar algo;
- Pero si callan demasiado, pueden morirse de silencio.

domingo, 2 de agosto de 2009

El Alumno Nuevo.




Dedicado al Maestro de Maestros: Manuel López Ramos.

Llegué al salón de clase a las 9:30. Afiné las dos guitarras que estaban posadas sobre unas sillas y me senté a esperar a los alumnos del día, esperando que fueran pocos para poder salir temprano y pensando en una chica que me trae revuelta la cabeza.
El primero en llegar fue Francisco, un niño de 12 años con mucho futuro guitarrístico y una capacidad impresionante de lectura musical, y mientras llegaban los demás decidí revisarle los ejercicios de coordinacion del Maestro Manuel López Ramos, el mejor guitarrista desde Andrés Segovia y el mejor maestro desde siempre. Después de alrededor de 45 minutos en revisarle su tecnica y sus lecciones y estando a punto de terminar sentí que alguien me llamaba con un dedo índice tocando mi espalda.
- Buenos días maestro, soy alumno nuevo.
Era un chico de unos trece o catorce años, flaquito y medio paliducho.
- Buenos dias, si gustas tomar asiento, ahorita te atiendo, solo dame un poco de tiempo mientras reviso a los demás. ¿Ok?
Por fortuna solo llegó un par más de alumnos un poco avanzados que podía revisar en poco tiempo.
- Si maestro.
- ¿Sabes algo de guitarra?
- Muy poco.
Y se fue a sentar en un rincón del salón. Nunca le pregunté su nombre, pues pensé que lo haría cuando le tocara el turno de darle su clase.
Tarde unos cuarenta minutos en revisar a mis dos alumnos "avanzados" y di la indicación que se pusieran a repasar sus lecciones que quedaron pendientes y a revisar las nuevas, y que para cualquier duda me llamaran.
Me acerqué al alumno nuevo.
- Bien, pues vamos a empezar con algo súper fácil: Técinca para mano derecha sola. Índice toma tercera, medio toma segunda y anular primera, pulgar se apoya siempre sobre sexta cuerda. Ah por cierto, se cuentan de abajo hacia arriba y no importa si eres diestro o zurdo, la derecha siempre pulsa las cuerdas. Esto se llama posición básica de arpegio.
Hicimos los ejercicios básicos de arpegio y le coloque su mano en la postura que necesitaba. Noté su piel blanquecina un poco áspera, muy por debajo de la temperatura del ambiente, cosa que se me hizo un tanto extraña en estos días húmedos y cálidos en San Luis Potosí, pero no le dí la mas mínima importancia. Lo que me llamó un poco más la atención fue su guitarra que aunque bastante vieja, tenía buena resonancia a pesar de lo gastado de las cuerdas, es una situación algo "normal" en la casa de cultura donde doy clases.
- Bueno, vamos a leer algo de notas, bien fáciles, nada más voy a ponerte tres y se tocan en primera cuerda: Mi, Fa y Sol, y su posicion en el pentagrama son cuarto espacio, quinta linea y arriba del pentagrama respectivamente. Estas son las negras, duran un tiempo cada una, no hay pierde.
Y empezamos a trabajar sobre tres leccioncitas que pongo en un método que uso antes de llegar a Las Primeras Lecciones de Sagreras. Siempre he creido que Sagreras empieza muy de golpe, para mi el crecimiento musical debe ser primero netamente melódico y posteriormente armónico. Y no al revés. Pero bueno, de este tema ahondaré otro día, ahorita tengo que terminar la clase.
- Bien, ¿alguna duda?
- No maestro.
- Ok, entonces te voy a poner por último el circulo de Do para que lleves esto de tarea. Circulo, Notas y Arpegio.
A pesar de que noté que sus manos estában exageradamente rígidas, hacia bien los cambios de acorde, no muy rápidos pero con bastante presición.
- Muy bien, muy bien, eres bueno ¿eh? Entonces nos vemos el próximo sábado.
- Hasta el sábado maestro. Que descanse.
- Igualmente.
Levanté la cara hacia el techo y de soslayo vi cuando salío y cerró la puerta.
- Bueno, son las doce. Es la hora de salir. Nos vemos el proximo sábado.
Les dije a los demás alumnos, que me miraban con una sorpresiva cara de incógnito.
- Maestro-. Me dijo Francisco. - ¿Por qué estába hablando solo?.