martes, 2 de febrero de 2010

el triste

Ni el piso de espejismo en baldosa
cubierto por ese llanto celeste,
ni el frio traumático de las falanges
ni la huida fracasada del cuerpo.
Tampoco el abandono del momento "idóneo",
ni la costra que iban dejando mis pasos.

Estaba en la deriva del sueño, cuando desperté.
Y en la terrible lejanía de tu cuerpo,
una imagen sofocaba mi camino horizontal.
Como la gallina sin cabeza,
espacio sideral golpeando mi mortalidad.

Debajo de las calles hay ratas
se juntan por que está lloviendo,
algo suena y cruje. - ensordece.
Tiembla lentamente mientras me dobla la espalda.

Suenan mis entrañas caníbales y tristes,
mientras se devoran estúpidas de su acción,
muerto sobre la calle, camino lentamente,
esta vez no agradezco la noche fría.

Y estoy tan terriblemente solo; solo conmigo,
que podría quedarme toda la noche llorando,
lamentándome el sol, las hormigas, Dios y la lluvia.
Comiendo lo mismo y mas y mas, seguir comiendo.

Pero peor aun no lloro, ni si quiera sollozo un poco,
oprimido el pecho hacia la nada, corren espirales dentro,
y sin coagular un suspiro me corta como la sierra del árbol,
sin más agarro contra la calle; busco las botas.

Salgo hacia la banqueta, el aire sopla,
cruzo las avenidas buscando que me arrollen,
viene la madrugada. De pronto amanece sobre una banca,
miro a los jóvenes correr, ejercitando el alma,
y me aprieto el cuerpo y me lamento no haber muerto.

Casi son las siete de la mañana,
levanto la cabeza, empujo los brazos, abro las manos,
me cae el agua, estoy empapado,
y se lamentablemente y de la peor de las fuentes conocidas,
que habré de vivir.

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