miércoles, 17 de febrero de 2010

Olvidar y no

Anochece en la cuenca.
Hace rato mi mano rodeaba tu cintura,
nada sabía de esta ciudad friolenta,
nada de ciclones y tormentas.

En las horas que viaje desde tu estancia
mire por la ventana de este tiempo,
los vapores inundaban el camino
a merced de los carros que pasaban.

Con la contemplación incontrastable.
Ajena de mis propias pretensiones.
Me colme de sueño todo el cuerpo
cuando estaba retornando a casa.

Sin embargo cuando cae la madrugada,
empiezo a recrearte la figura,
me ahoga la nostalgia del deseo
y me digo lo que oculta la mirada.

Si el paso de los días se hace tarde
para hacer de nuevo esta memoria,
me odiare por tenerte en mi pasado
si recurriendo a ti ya nada pase.

Pasare por alto que he vivido,
recordando solo mi presente,
aullando para mí solo aquel día,
sepultado para siempre en mi memoria.

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