Yo hombre
Que nací del desgarre más grande de México,
En alboroto richter y adioses blancos.
Preso ya de la voluntad de mis padres,
Segunda semana del calor de marzo.
Se abren mis ojos en la ocasión exacta,
Se abre mi cuerpo como a una res perfecta,
Y suenan los gritos de otros niños
Y corre en todas direcciones la sangre de mi alma.
Euforia y disonancia de acordes de guitarra
Rompen en paroxismo de madre,
Quisiera tener más allá de todo instante
La sonrisa de ella y el ángulo de el.
Que vacio, que silencio, que momento.
Después, que llanto, que agonía, que misterio.
Te encuentro en mi incoherente genética,
Abismo transmitido por generaciones.
Te encuentro después en mis batallas,
En mis oscuras perversiones,
En la latente forma de morir día a día
Y en la locura breve de la resurrección.
Tu no eres hombre.
Tu no eres talento, ni partículas selectas,
Tu no eres animal ni tiempo,
Ni el lugar que aprendiste a recordar.
Tu no eres memoria, no eres imagen,
No eres Dios ni Demonio,
Tu no eres mío ni de nadie,
Tal vez tan solo instante.
Un tejido extraño y mortal
Lleno de miedo y nostalgia,
Amor roto y perdido,
Física cuántica y aromas de especies raras.
Cuando salta el corazón del pecho
Te sientes afortunado.
Cuando regresa desangrado y herido
Fatídico y maltrecho.
Hambre de mas, hambre de tiempo,
Sueños naturales, ojos de venados.
Virgen de los mil amantes,
Sueños naturales, ojos de venados.
Vas por la mañana a buscar uvas,
Llevas en las manos la canasta abierta,
Trepas a las montañas eres libre,
Solo para volver al ocaso más vacío.
Te jactas de tu erguida postura,
Conoces artes y ciencias,
Sales con las manos en las bolsas al cine
Y encuentras otros como tu, impostores.
Se abre entonces el día.
Suena la mejor línea de Segovia,
Truenan inmensas las cosas contra la ventana,
Y el mundo es tan solo una parte de la mente.
Hombre ya amanece y estás muerto.
Breve brevísimo efímero y banal.
Amanece y no hay ya nada,
Eterno, infinito, perpetuidad mortal.
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