Llegue a este sitio la semana pasada, al principio la atmósfera tibia y húmeda llenaba mis pulmones lentamente, -me precipite a despojarme del saco. El calor aun siendo de madrugada se formaba en la frente poco a poco en forma de gotas. Levante la vista hacia la inconfundible linea horizontal y pude observar claramente la tremenda inmensidad de las montañas, de pronto pude sentir y constatar que me encontraba rodeado de la escarpada figura vegetal. El verde claro y vivo lo llenaba todo, absorbiendome. Aun el claro del sol estaba por despuntar lejanamente, eran las seis de la mañana. Sonidos de aves y animales extraños entonaban cantos y rituales previos al dia, la gente caminaba hacia todas partes, sombreros y faldas de manta, botes de miel, sacos de frijol y café en la espalda, este lugar despertaba.
Este tiempo fue transcurriendo despacio, al principio por horas, después por parvadas. Cuando llegue a la plaza un bloque de piedra inmenso se encontró en mi camino, - no se si yo me encontré con el. Tratado con violencia por los días y la humedad en forma de tiempo, me encontré de frente al templo mas antiguo de la producción sacra española en México. Entre para recoger pedazos de vida, instantes impregnados en el suelo, restos de oraciones y sal de lágrimas de los esperanzados, suplicas, quejidos; nada en realidad. Después de estar ahí por un tiempo desconocido, al salir el sol ya fregaba la mente y el alma, las cosas viajaban con mas rapidez que antes, los olores mágicos comenzaban a gustarme, frutas; limones, plátano y sandías, agua corriente, bolsas abiertas repletas de café como costales de oro puro, comidas condimentadas con ancestrales recetas, callejones despidiendo aromas a vainilla, helechos quimicos, coyoles, alcohol de miel, chiles secos, canelas frescas y sudor. El tiempo retrocedía. Las carretillas llevaban suficiente maíz, la carne de las reses colgaban de los ganchos en las carnicerías, las tienditas de paletas de hielo abrían de puerta en puerta su entrada al paraíso y las hojas del viento apenas se mecían al soplido de ese deseado aliento, refrescando gotitas de sudor en mi cuello. Estoy aquí.
Subiendo en alguno de mis días aquí, rumbo a la montaña, me encontré con un lugar sagrado e irreal conocido como pozas, camino trazado por el agua tras milenario esfuerzo, piedra verde parecida al jade, mariposas invisibles y rocío de lluvia refrescando la cara. Aquellas orquideas parecen fantasmas, gotas de color infinito, punteando como un juego la selva que rodeaba mi camino. Los gusanos amarillos comen hojas, levantar una piedra del suelo significa rascarle la panza a la tierra, miles de insectos corren y suben a la rama vecina, como en las escondidillas. Hay piedras apiladas por hombres, algunos dicen que fueron sueños, serpientes de piedra suben al sol, rejas con figuras de flores cercan espacios vacíos, arcos con forma de arañas y pequeños salones que asemejan submarinos o mantarrayas se confunden con el todo por aquel matiz de musgo y tiempo. Las fuentes, las murallas, los candiles, las formas mágicas, salidas confusamente de la imaginacion onírica de varios tipos, están incrustadas en esta dimensión indeterminada. Ahí entre la nada, medite sentado en el punto mas alto de una torre destrozada. he pensado en la comida de mama, los subproductos de la música y el arte, la existencia de dios, mi tiempo de vida, la metáfora de la muerte, el futuro, las cosas tristisimas de la hermosa vida. Aun no se si estoy aquí.
Los regordetes gringos, rojizos cachetones, disfrazados de shorts y ridículos sombreros, cámaras, abanicos eléctricos y celulares, hablan su dialecto absurdo y arrastrado que ellos creen que es español. Los grupos se mueven tomando dos fotos por paso, posan con la pared, con los arcos inmensos como lo harían con cualquier mcdonald's, sus murmullos en lenguas jocosas, distraen mi atención y los percibo como una manada de ruido pasajera, finalmente se van, tal vez a comer una hamburguesa.
La barba me crece mientras estoy sentado en esta torre infinita, mi respiracion es tranquila, hace mucho que no es como ahora, un hilo de hormigas pasa frente a mi, la tarde empieza a ceder lentamente, escucho claramente el latir de mi pecho cargado de sangre, el sonido del río es cada vez mas fuerte, esta anocheciendo. De pronto un súbito escalofrío me recorre,- Comienzo a pensar en mi. Tal vez no estoy aquí, tal vez aquí no hay nadie.
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