lunes, 15 de noviembre de 2010

eterna

Postrado cerca de tu incierto reposo,
mirando esa piedra infame y antigua.
Crece la hora que sobreviene a todo,
y yo no hago si no pensar en la muerte.

¿Quién fuiste tú? Supuesta mujer del cabello negro.
Has dejado, te has ido.
Distante, como aquella tarde en que quebró la tierra,
y el cuerpo no hizo sino imitarte.

Yo no sé quien fuiste. Llega a mí solo un esbozo delirante.
Tú pones las manos de mi madre a temblar,
su garganta a temblar, sus ojos lejanos.
¿Donde estas ahora para ella?

Bien se que me quisiste, y yo. Inútilmente te quiero.
Estúpidamente intento recordarte, y te quiero, aun sin conocerte,
aun sin tus manos sobre mi cabeza, aun sin saber si exististe.
Mujer del cabello negro, perfil impecable, dichosa tu que ya no vives.

Tal vez el no verte, sea solo razón relativa.
Tal vez.
Tu no puedes contestarme, acercarte a mí y levantar mis brazos.
Debe de ser una fantasía la de nosotros.

Uno vive lejos y cerca del final,
pero aun así, y sin poder saberte,
sin reconocer el día que sobrevenga despacio y limpio,
Dolores, tus manos llevaran las mías
y nunca más pensare en tu muerte.

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