No es que me queje. Pero es incierto el sexo matutino.
Cuando la metáfora de los pechos desnudos,
no corresponde con la otra idea de los ríos de leche,
- esa que alimenta el corazón del niño.
Mea corpus solo busca ángulos y perversiones.
No es que me queje. Pero me fastidia coger así.
¿Qué hay de las otras latitudes?
Eso que ensucia por dentro, que traba desde dentro,
estomago deshecho por tanto desdén, tanto inequívoco silencio.
No es que me queje. Pero donde quedo yo para seguir el día.
Es una costumbre de los muertos,
No hay daño, no hay riesgo, sin sudor, sin gritos, sin nada.
Tiempo a solas para recorrer los terrenos de su cuerpo.
La distancia entre sus muslos, el desgarre de mis manos
Rompiendo contra su figura, leyendo las inscripciones de sus dedos,
Enredado en la paz de su cintura.
No es que me queje, pero. Prefiero el contacto antiguo,
El insoportable silencio, tabaco entre los dedos al recibir la mañana,
taza de café, el ladrido de los perros, la cama destendida,
Prefiero, porque esto de andar saltando como idiota,
Me hizo pensar en el amor y en otras breves cosas.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario