lunes, 28 de marzo de 2011

I

I



volver; suena la motocicleta a lo lejos, pasa frente a mi mientras fumo un cigarrillo. Hay un olor casi intoxicante a pollo asado, las calles abren paso a las primeras camionetas del día, las fachadas se visten también de agua en sus banquetas y las tienditas abren de par en par sus rejas hacia el paraíso. Aquel caballo jala la carreta llena de leña y trozos de carbón; piezas selectas solamente.

Esta clareando allá a lo lejos, la horizontal de la montaña lejana despunta en colores fuera de la paleta urbana, salta también una rana moteada, encima de otra se postra y la corteja sin vergüenza, la otra por lo encimado contiene el brinco y recupera su forma anfibia posando digna ante el atrevido ataque. Otra voz de asno quiebra mi atención y lo miro de cerca.

Una procesión de aves de rapiña surcan el poniente, su forma de vuelo tradicional esta finamente disfrazada; vuelan ligeramente en "V" como los patos en invierno,
como es que aquel pozo contiene tantos alacranes?


Una vieja pone su mano frente a mi y me saluda, toma la mía mientras la abre y coloca un clavo largo y oxidado; me susurra en un dialecto familiar a mi de otros tiempos, de otras eras. Se aleja mientras despide un olor a tierra mojada, como una brisa se corre y se evapora. Todos son testigos de aquello, pero disimulan el triste instante de mi desafortunado encuentro, un niño comienza a llorar asustado, su madre lo coge de los brazos y lo carga; lo conforta con palabras de madre. Como quisiera que a mi también me cargara.

Noto que en mi mano ya no hay nada; una línea asemeja el paso de un avión a lo lejos, el frio llega también de pronto; atardece. Dicen que hay era polar, dicen que el frio será severo y largo; suena como a una fabula del rio, donde el salmón muere por conocer al mar. El mar que ya no esta tan frio.

Cuando la hora sobreviene y cae sobre la lapida y el estiércol por igual la noche, el sombrero del sol se posa para mirar también morbosamente, a veces con el ojo todo abierto, a veces también en una orilla, mientras suena el grillo que no canta pero truena de exoesqueleto y solloza con las patas todas rotas y se contiene por no caer en el canto de su paradigma, me conmueve tanto su infame reflejo que mis piernas también se me quiebran y el sonido se me quiebra y el interior se vacía como en el arroyo de los peces muertos, en el arroyo sin agua; cuando el corazón ya no llora si no vuelve.

jueves, 17 de febrero de 2011

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