lunes, 28 de marzo de 2011

VIII

VIII

Nos conocimos tristemente,
fue algo nuestro.
Antes vivíamos como las bestias,
asustados y enfermos en la antesala de la muerte.

Tristemente nos fuimos conociendo; tristemente.
Nuestros corazones se abrieron
al ponerse el día
y fuimos extraídos lentamente,
como la sangre y el agua.

Tristemente también nos alejamos; tristemente,
la piedra de aire que tendía los puentes,
puentes de sudor,
cayeron sordamente con nuestros cuerpos trenzados.

Tristemente también nos fuimos extrañando; tristemente.
Mis brazos de otoño aun la sostenían en hojas,
cuando nuestro suelo de hambre
ya buscaba el agua del invierno en el desierto.

Tristemente también nos olvidamos;
Tan tristemente.
Una noche mientras no trazaba la frontera de su cuerpo;
Su cuerpo que fue blanco
como la espiga,
tibio como el arroz,
blando como el fuego,
alto como el día y triste;
Triste su cuerpo, triste.
Triste y alegre como yo.

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