lunes, 25 de abril de 2011

420

no deberíamos tomar tan en serio a los silencios de Sabines.


Salitres de lomo a lomo como estrechos antiquísimos
acercan nuestros hombros prisioneros del sofá.
Canarios escurren con babas al aire en zopilotes
zumban sus aletazos de oreja a oreja de pico a pico,
trepan a nuestros brazos gusanos azufrosos
enfermos nematodos calcinados por la sed.

[Arritmia y todo eso].

-¿De que nos sirve sin el canto?

Pastizal quebrado de espiga altiva y perfumada
constelaciones de harina blanca echadas al desierto.
Intermitente y breve; salías del mar a todas horas
y a mí me consolaban tus escamas de sirena.

[Entonces suenan las campanas].

-¿De qué nos sirve el canto de sirena?

Mientras la balsa se derretía sobre el espejo
mis dedos rozaron la luz de sus cigarros,
cañadas de letra a letra ahogaron murmullos
indiscreto canto que se pronuncio en silencio.

[Vuelven los ecos del acrílico].

-Que hermoso es cantar para no decir nada.

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