no deberíamos tomar tan en serio a los silencios de Sabines.
Salitres de lomo a lomo como estrechos antiquísimos
acercan nuestros hombros prisioneros del sofá.
Canarios escurren con babas al aire en zopilotes
zumban sus aletazos de oreja a oreja de pico a pico,
trepan a nuestros brazos gusanos azufrosos
enfermos nematodos calcinados por la sed.
[Arritmia y todo eso].
-¿De que nos sirve sin el canto?
Pastizal quebrado de espiga altiva y perfumada
constelaciones de harina blanca echadas al desierto.
Intermitente y breve; salías del mar a todas horas
y a mí me consolaban tus escamas de sirena.
[Entonces suenan las campanas].
-¿De qué nos sirve el canto de sirena?
Mientras la balsa se derretía sobre el espejo
mis dedos rozaron la luz de sus cigarros,
cañadas de letra a letra ahogaron murmullos
indiscreto canto que se pronuncio en silencio.
[Vuelven los ecos del acrílico].
-Que hermoso es cantar para no decir nada.
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