Cuando pienso en animales; aquellos animales que escarpan la naturaleza con fervor,
en realidad estoy imaginando. Eso es porque en mi vida y fundamentalmente
en mi infancia los únicos animales que me rodearon fueron perros, gatos, ratas y
uno que otro flaco caballo. Pensar en mas es pura imaginación. Que bello hubiera sido sin embargo
haber gozado de esos paisajes que recuerdo en los cuentos o en las hermosas películas,
esos de selvas y corrales; ganados sin fin, búfalos, tigres, elefantes plateados, escarabajos
de arcoíris, y jirafas que asomaban sus cuellos por encima de los cielos nubados.
Galeano yo quiero hacer valer tu amor a los animales; ¿Pero de que estamos hablando?
Nuestras calles solo contienen asfalto; lucha la hormiga por existir y los gusanitos solo se ven
de vez en cuando, a veces en lo alto de una botella de mezcal en veces en la reciente apertura
de una tumba en el panteón del saucito.
Hagamos pues de todas formas tu onceavo mandamiento. Yo quiero querer.
Ya estamos en el siglo XXI, y siguen las mismas naciones unidas y los mismos derechos humanos.
El derecho de soñar aun no es proclamado;¿Que iremos a hacer Galeano?, el aire aun esta enfermo.
Yo quiero querer; me invade un amor por esas criaturas, esas criaturas que no existen y existen
a su simple vez, héroe y tonto, pobremente me quede clavado en la sexta línea
de las tablas de Moisés; disfrutando mi cuerpo y montando a las sombras y bebiendo y fumando,
todos los días mi “brújula didáctica” se entrecorta con magnetismos de mujeres y nostalgias;
nostalgias de animales que jamás acaricie, que jamás levante sus patas, que nunca sentí sus pelos.
Así con la misma tristeza con que miro tu foto que se quedo incrustada en mi billetera.
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