lunes, 25 de abril de 2011

eco I

Es que la poesía no admite el “sobres”,
por tratarse de algo fuera de contexto;
Vulgar síntesis del caudal de la flora marina,
agua socarrona que antecede suspiros salinos.

¡No sabe! No es nada de su letra oceánica,
Doble espejo sobre la tez abierta de su muerte.
Nos rodea su miedo de ostra citadina,
su miedo a volverse lo que sus raíces prometían.

Agua de los vórtices que le advierten cantos,
eco de todas sus caricias partidas en mi nuevo lomo.
Asno de mar que sobrecarga sus noes y mis sies,
-como a la liturgia.
Sin embargos de miradas al maíz como a los hijos.

Ah! Tan breve y solitaria recorría el paramo;
Yo quise atizarle su voz que ahogaba cicatrices;
Mas mi voz quedo tendida como hielo para siempre,
cuando sin más mi entero yo; jamás volvió a creerle.

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