Esta noche sostuve sus labios de sirena,
mis dedos dibujaron comisuras celestes,
aire de mar; aliento de arenas salinas,
cantos de aves dialectos; brújulas astrales.
Constante y breve oleaje de su beso tibio
recorre los pardos espejos naufragados,
que en lo alto su vigilia de faro se disipa
y mi alma de velero se extiende inagotable.
Eche mis raíces de agua sobre su oleaje,
ya mis brazos de arrecifes lunares
rodeaban su cintura de seda marina,
ya mis islas todas sosegadas encallaban .
Esta noche la sostuve mirándola en el cielo,
fugitivo instante que mi alma oceánica
perpetuara por siempre en el vaivén
de su beso salido del cenit de las espumas.
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